Ayer conocimos que Barcelona no será la nueva sede de la Agencia Europea del Medicamento. Hace tan solo dos años partía como favorita, sin embargo, fue eliminada de la carrera para albergar la sede en la primera ronda a pesar de que el gobierno de España apostó por Barcelona, y no por las otras nueve ciudades españolas que presentaron la solicitud.

¿La razón? Pues la de siempre.  Una vez más, Barcelona fue escogida para contentar a los secesionistas obviando el resto de las ciudades españolas por el mero hecho de serlo. El mejor negocio es ser antiespañol y claro, Granada, Alicante, Alcalá de Henares, Málaga, León, Tenerife y Zaragoza, no han comprendido todavía que para poder optar a los privilegios que poseen los catalanes desde hace décadas, debes odiar España.

Cataluña lleva siendo la niña malcriada del gobierno central desde el franquismo. Franco se encargó desde el primer momento de industrializar la región catalana antes que cualquier otra. El PIB real de Cataluña creció de 22.617 a 78.118 millones entre 1955 y 1975, aumentó su peso sobre la economía nacional del 17,7% al 19,1% y el empleo aumentó un 87,9%, mientras que, en el resto de España en esos años, fue del 53,6%. De ahí, del franquismo, nace también esa bochornosa tradición de que todos los ejecutivos cuenten con un ministro que sí o sí, tiene que ser catalán. Los últimos realmente solo producen ganas de llorar, en el anterior gobierno teníamos al incompetente de Jorge Fernández Díaz y en la actualidad tenemos a Dolores Montserrat, que cada vez que hace una declaración a los medios, demuestra sus dificultades para expresarse en español como es debido.

La mayoría de los catalanes decidieron con su voto, y que nadie dude de que volverán a hacerlo el 21D, ser gobernados por fanáticos que carecen de cualquier sentido de responsabilidad. Muy bien es su problema, pero es intolerable que arrastren a todo un país los caprichos de cuatro payeses con tractor, del escombro intelectual de Ada Colau o de la enferma mental de Marta Rovira. Si la mayoría de los catalanes, repito, la mayoría de los catalanes, quieren hundirse con sus banderas, su idioma que no sirve absolutamente para nada y sus trabas burocráticas, estupendo, pero que hoy 330 millones de euros de presupuesto anual, 1.000 puestos directos de trabajo, 5.000 indirectos y más de 40.000 visitantes al año, no vayan a venir a nuestro país, se debe única y exclusivamente a la necia política que llevan aplicando los distintos gobiernos centrales en detrimento de España y en pro de los secesionistas. Ya va siendo hora, de que España se independice de Cataluña.

Jano García

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