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En una de mis habituales noches de insomnio, me topé con la noticia de que España ha registrado la cifra de nacimientos más baja desde 1941. Un dato que ha sido aprovechado por esos buitres que de la carroña siempre consiguen sacar la mortífera sustancia del populismo para esparcirla por toda la población.

Pareciera que nos hemos convertido en Dafnis y Cloe, que necesitaron mucho tiempo para adivinar como podían satisfacer sus deseos más primitivos. Hubo que instruirlos, como al emperador Leopoldo o al hijo de Luis XIV, porque carecían de las ideas innatas para consumar el acto que permite la conservación de la especia humana, ya que, desconocían los pasos a seguir para procrear. Pero no, lejos de habernos convertido en los amantes ignorantes que nos describió Longo, la sociedad occidental ha pasado a una nueva fase.

La diferencia, es que ahora la gente lo quiere todo. Quiere tener hijos, sí, pero también un coche de alta gama, viajar por todo el mundo, una casa de veraneo en algún lugar exótico y todo tipo de lujos. Como casi todo en la vida, eso cuesta dinero y, sobre todo, requiere mucho tiempo. Mientras que antes, con menos posibilidades, se tenían más hijos, pero el veraneo consistía en ir a la casa del pueblo de la abuela, a apelotonarse en estancias minúsculas con el coche que te había prestado el rico de tu suegro. No existía la ambición de ahora, que lo queremos todo y eso es imposible.

Se ha demostrado que el ser humano conforme más bienestar y comodidades posee, más se aleja de sus instintos primarios. No solo el de procrear, sino también el de matar, violar, robar o agredir. No es casualidad que en los países más desarrollados estos índices sean los más bajos del globo terráqueo. Y si esto es así, ¿por qué no dejamos de buscar culpables externos que no existen? ¿Por qué no aceptamos que es el progreso económico el que hace que las sociedades del primer mundo se nieguen a continuar con la conservación de la especie?

Ese progreso es el que otorga la posibilidad de un mayor raciocinio del que no se puede disfrutar si todavía no tienes las necesidades básicas cubiertas. Solo el no pasar hambre, el tener un techo donde cobijarse, no pasar frio y no dormirse pensando que mañana tienes que andar 10 kilómetros en busca del pozo más cercano, permite que muchos hombres y mujeres no quieran llevar una vida centrada en cubrir sus instintos más básicos. Es lógico, racional y admirable, que juguemos a ser como Dafnis y Cloe.

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