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Resulta complicado mantener un discurso coherente en estos tiempos de fanatismo en el que lo único que importa es dar a tu audiencia lo que quiere, aunque ello suponga una contradicción con los valores que uno dice defender. Los espectadores sedientos de sangre nunca repararán en ello y se limitarán a aplaudir.

Por eso quizás muchos no entenderán que apoye que Jordi Évole haya ido a Venezuela a entrevistar a Nicolás Maduro. Es de sobra conocido por todos mis lectores, que mi opinión acerca de Jordi Évole dista mucho de ser partidario de su forma de hacer periodismo. No me importa reconocer que no suelo ver su programa porque me parece sectario y sesgado. Sólo en ocasiones en las que estoy realmente interesado, enciendo ese dichoso aparato que ya solo sirve para poner algún documental en Youtube o alguna serie de Netflix.

Es innegable que, para cualquier amante de la política, la entrevista que verá la luz mañana por la noche, posee un carácter informativo realmente interesante. No solo eso. El hecho de entrevistar a Nicolás Maduro, nos permite conocer de primera mano la visión del dictador venezolano, las formas utilizadas para manipular a la población, los culpables internos y externos que utiliza para defender su régimen, etc. En definitiva, lo que todas las dictaduras han hecho a lo largo de la historia.

Al igual que cuando Nate Thayer acudió a la selva a entrevistar a uno de los mayores genocidas de la historia (Pol Pot), se ganó un gran número de críticas, lo cierto es que dicha entrevista supone un documento maravilloso para cualquier amante de la historia. Nate Thayer nos permitió poder mirar a los ojos del criminal camboyano que aniquiló al 25% de la población de su país. Nos dio el privilegio de escuchar de su propia boca los motivos que le llevo a cometer tal atrocidad y también, nos acercó a una mente atormentada que ha permitido, entre otros a mí, poder escribir con mayor rigor acerca del genocida del sudeste asiático.

De entrevistas realizadas a los mayores criminales de la humanidad nos hemos beneficiado todos los que dedicamos parte de nuestro tiempo en estudiar la historia. Servidor no podría haber escrito dos libros históricos sin tener acceso a miles de notas, artículos, obras y entrevistas obtenidas directamente de los principales criminales del siglo XX. Del mismo modo que John Toland jamás habría podido escribir la mejor biografía conocida de Adolf Hitler, si no hubiese podido tener acceso a documentos obtenidos de entrevistas personales, amigos cercanos del siniestro pintor austriaco y confidencias que Hitler tenía con los periodistas de la época.

Desconozco el contenido de la entrevista, pero lo que es seguro es que, con el paso de los años, la entrevista de Évole a Maduro será un documento histórico que servirá a las futuras generaciones para acercarse a los acontecimientos que no vivieron; porque la historia no es ni ética ni moral. Ni de derechas ni de izquierdas. La historia no cataloga buenos y malos. Te guste o no, la historia es un baño de realidad. Y punto.

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